Editoriales / Aleatoria

Frenaaa

SERGIO AGUAYO, , actualizada 07:53 🕚

El presidente provocó a Frenaaa, diciéndole que renunciaría si reunían 100 mil personas. En tres días llenaron la mitad del Zócalo. ¿Cómo interpretarlo?

Sabemos poco sobre la composición, origen y fuentes de financiamiento de Frenaaa. Sus declaraciones y consignas confirman la definición que de ellos hiciera Bernardo Barranco: un "peligroso cóctel de la derecha empresarial y de la ultraderecha católica" con un "discurso de odio" y destrucción.

Por ahora, lo verdaderamente relevante, y a lo que dedico el resto de la columna, es que Frenaaa surge, se instala y se siente cómodo fuera de las instituciones que están siendo incapaces de incorporar a las fuerzas sociales emergentes. En Europa, la ultraderecha forma partidos y compite con otras fuerzas, proponiendo la superioridad racial, la expulsión de migrantes, el rechazo a la Unión Europea entre otros temas. Frenaaa no muestra, por ahora, ningún interés de convertirse en partido o asociación civil, ni en lograr acuerdos con el PAN, PES y México Libre.

Este deseo de permanecer fuera, lo interpreto como un reconocimiento tácito de los enormes obstáculos que hay para la participación en la vida pública. Los partidos han transformado a las instituciones en reductos exclusivos, que regentean para el beneficio de unos cuantos, sin haber sido capaces, hasta ahora, de resolver los grandes problemas nacionales.

La principal consecuencia es la existencia de un reclusorio virtual donde deambulan grupos de diverso signo ideológico. Ejemplifiqué a la derecha con Frenaaa. En la izquierda estarían, entre otros, los zapatistas atrincherados en las montañas y las cañadas chiapanecas, las feministas enfurecidas porque las instituciones son incapaces de atender sus exigencias, o los ambientalistas, que observan impotentes las atrocidades que comete, en su nombre, un partido, el Verde Ecologista, ahora aliado de un gobierno sin verdadero compromiso con la naturaleza.

Hay otros actores sin lugar en la vida institucional. Estarían los familiares de las víctimas de la violencia criminal, ignorados por un presidente que sólo atiende un puñado de casos; los científicos y académicos vilipendiados y maltratados por un jefe del ejecutivo que los tilda de mafiosos o aviadores; y los mexicanos que huyen del país, para sumarse a una diáspora en incesante crecimiento.

En otras palabras, la arquitectura institucional no está funcionando y los partidos no tienen intenciones de reformarla, flexibilizando, por ejemplo, las reglas para la creación de partidos. ¿Qué hacer? Por ahora, repensar el desajuste incorporando los temas y actores del siglo XXI: cambio climático, emergencias sanitarias, crimen organizado, migraciones y desigualdades y, finalmente, el eterno reto: Estados Unidos. Es igualmente urgente, crear espacios de concordia y civilidad para amortiguar la excesiva -y en algunos sentidos absurda- polarización.

Esto conduce a una tarea tal vez más urgente: salirse de la trampa creada por el presidente quien, con su astuto manejo de la comunicación, impone los temas y asuntos del debate nacional y siembra la idea de que la vida pública inicia, termina y gira en Palacio Nacional. Ponemos demasiada energía en un actor importante, pero no determinante. Andrés Manuel López Obrador es un presidente popular pero débil, si pensamos en los enormes problemas que tenemos y en la fuerza de los poderes fácticos.

La excesiva centralidad del ejecutivo se confirma con la consulta que copa columnas y tertulias. La pregunta original consistía en opinar, si los cinco expresidentes debían ser juzgados, con lo cual se mantenía el protagonismo de la casa presidencial. Una alternativa verdaderamente trascendente sería que nos preguntaran si deben limitarse los requisitos para crear partidos y deben reducirse drásticamente los financiamientos públicos.

En síntesis, el diagnóstico de Frenaaa es erróneo. El presidente ni es el problema, ni es solución su hipotética e indeseable renuncia. Lo esencial, es la incapacidad de las instituciones para incorporar a todas las fuerzas sociales condenadas a la marginalidad. En torno a este tema es que debemos bosquejar la arquitectura institucional capaz de dar cabida a las fuerzas sociales del México del siglo XXI.

@sergioaguayo

Colaboró: Anuar Israel Ortega Galindo

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