Editoriales / Aleatoria

Noviembre 1910

Diálogo

YAMIL DARWICH, , actualizada 07:35 🕚

La Revolución Mexicana se dio como consecuencia del abuso del poder. Porfirio Díaz, fue presidente de 1876 a 1911, reeligiéndose en varias ocasiones, basado en la manipulación de las elecciones.

Sin duda, es un personaje de nuestra historia que ha ocupado la atención de los estudiosos que insisten en tratar de evaluar su real influencia en lo negativo o positivo de su actuar público.

Desde luego que fue un dictador que aprovechó el poder para lograr los fines de un grupo de oportunistas, quienes, en general, han sido señalados en nuestra historia por haber ejercido abuso de poder.

Enumerar sus errores políticos y falta de conciencia social no es difícil, los libros de historia nos los han repetido hasta meterlos en nuestro subconsciente: abusador, promotor de haciendas y latifundios, propiedades de amigos y familiares en donde se esclavizaba al mexicano explotándolo con jornadas de trabajo inhumanas y pagas miserables a través de "tiendas de ralla", que terminaban por recuperar el dinero "del patrón" y, de paso, sobreendeudar a los trabajadores; llevarnos hacia la influencia de usos y costumbres europeas en vestuario, vivienda y formas de desempeñarnos socialmente; comprometer el destino nacional, abriendo la puerta a inversores extranjeros y que éstos se apoderaran de nuestra economía. En todo ello hay mucho de verdad, pero...

Borramos de nuestra memoria otras acciones que tuvo: fue el promotor de la construcción de las vías férreas de México; de hecho, pocos nuevos kilómetros se han construido -salvo los de interés para el centro del país-; en 1891, creó el Consejo Superior de Educación Pública, antecedente olvidado, importante para la estructura educativa nacional; constructor de puertos marítimos, que dieron acceso y salida de materiales, mercancías y productos, representantes del inicio de nuestra apertura comercial en términos de economía mundial.

Aceptó ser reconocido en el mundo por su espíritu capitalista, lo que abrió la confianza de extranjeros al futuro de México, con todas sus consecuencias; al promover la inversión privada extranjera, para el desarrollo industrial, promovió la cultura del trabajo orientando la productividad y comercialización del país.

Como humanista, al poner en la balanza su buen actuar contra sus malas acciones, sin duda que lo repruebo, pero no por eso puedo dejar de reconocer su función de "arrancador" del México de la modernidad.

El resto de la historia usted la recuerda sobradamente, las diferencias sociales fueron el resultado de un México violento, dividido, en crisis, con "hartazgo" por los abusos cometidos por la llamada élite burguesa nacional.

Así, la Revolución es iniciada por Francisco I. Madero, Pino Suárez y Gustavo Madero, en un levantamiento apoyado por Feliz Díaz, Bernardo Reyes y Victoriano Huerta -el que luego traicionaría y asesinaría a sus compañeros revolucionarios-.

El coahuilense Francisco Madero, es promotor del cambio y justicia social, influenciado por la educación europea y los avances en estudios de derechos humanos de aquel tiempo -olvidamos su espiritismo y otras debilidades- y es detenido en San Luis Potosí, acusado de sedición.

Al ser liberado viaja a San Antonio, Texas, desde donde lanza el Plan de San Luis, con la llamada a las armas fijada en el día 20 de noviembre de 1910. Interesante escribir que muy poco se ha investigado y defendido el dato histórico de que, una noche antes, en Gómez Palacio, se adelanta un grupo de rebeldes inspirados en la defensa de una nueva justicia social, con Orestes Pereyra y otros, quienes lograron correr la escaramuza hasta Lerdo, Durango.

Bien valdría la pena que las autoridades de nuestra segunda ciudad conurbada pusieran atención y hasta se vistieran de gloria al confirmar y documentar el hecho, tan importante como fijar el verdadero inicio de la lucha revolucionaria de México.

Ahora y gracias a los historiadores de carrera -especial reconocimiento al Colegio de México- identificamos dos revoluciones distintas: la rural, liderada por Emiliano Zapata, que exigía "tierra y libertad", en el sur y centro de México; y la urbana, con Francisco Villa, revolucionario que en el norte adquirió gran fuerza, hasta llegar a sentarse en la silla presidencial -hecho anecdótico recordado - y que, inteligente y prudente, rechazó como posibilidad de competir por la presidencia nacional.

Todos los personajes mencionados y otros que por espacio es imposible hacerlo, tienen características humanas: buenas y malas.

Porfirio Díaz no fue únicamente nefasto para la vida nacional y Francisco Villa -o Doroteo Arango- tampoco el guerrero que luchó desinteresadamente por la Patria.

Seguramente lograríamos infundir más amor a nuestro país si nos enseñaran a asentar siempre la verdad y que los mexicanos decidiéramos.

Le propongo haga un análisis abierto al diálogo, aprovechando el festejo de nuestra Revolución Mexicana -cómodamente, en casa por esta nueva modalidad de vida- descubriendo verdades y mentiras en lo enseñado/aprendido sobre: caudillos y tiranos, comparando a los pasados con los presentes. ¿Acepta?

[email protected]

Editoriales, Dialogo

Noticias relacionadas

Comentarios

Identificarse con

Facebook Google

Hola

aún no hay comentarios

Noticias más leídas

Noticias recientes

Más notas de Editoriales