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Necrosis en el dedo de López Obrador

Bajo palabra

VÍCTOR HUGO CASTAÑEDA SOTO, , actualizada 12:42 🕚
Necrosis en el dedo de López Obrador

Venir a decir reiteradamente que la pandemia del Covid-19 le vino como anillo al dedo al presidente López Obrador y a la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, para afianzar los principios de la Cuarta Transformación (transformación de cuarta), es aceptar que a este gobierno poco le importa la salud y la vida de sus gobernados, pues ahora en México, más de 100 mil familias están de luto, por un mal manejo de esta mortífera pandemia que, lejos de aminorar, amenaza con agravarse.

Es claro que el presidente López Obrador y su séquito de pajecitos, encabezados por el pequeño Hugo López-Gatell y Ramírez, no son los responsables de la aparición de la terrible pandemia, pero sí de una ineficaz, indolente, irresponsable y pésima gestión para aminorar los estragos y la expansión de la pandemia, pues ahora en nuestro país, además de los más de 100 mil muertos, hay un millón de contagiados que, de no manejarse adecuada y profesionalmente, a la vuelta de un mes, se convertirán o nos convertiremos en tres millones de infectados y 300 mil defunciones.

Un Presidente que no es empático con el dolor de su población no merece ser gobernante; merece no solo la separación del cargo, sino el ser sometido a la justica, por su declarada negligencia, sorna y burla para con los que ahora lloran a sus muertos, por falta de una adecuada atención hospitalaria, y por negarse a asumir las recomendaciones que reiteradamente exigen la Organización Mundial de la Salud, como lo es el uso del cubreboca.

El mensaje del Presidente y del subsecretario López Gatell de exhibirse en público, sin el uso del cubreboca, ha tenido un impacto peligroso entre los más pobres, pues confiados en la fuerza moral y en los detentes del Presidente, hacen caso omiso al uso de este trapito, que el usarlo o no marca la diferencia, entre ser contagiado o contagiar, entre vivir o morir.

Dice el vocero presidencial (@LOVREGA) que son "estúpidos" quienes esperan que el Presidente les dé instrucciones de portar o no el cubreboca. Es obvio que el Presidente, si bien no tiene ninguna fuerza moral, su investidura y su voz como titular del Poder Ejecutivo Federal, ejerce una poderosa influencia ante la población que dice gobernar y en especial en aquellas comunidades que están sumidas en la peor de las pobrezas (o literalmente, con el agua hasta el cuello) que imitan lo que hace y dice el Presidente, lo que, evidentemente, al contravenir las disposiciones sanitarias, se convierte en una apología del delito.

En todo caso y respetando los cánones de la "Real Academia Española" (RAE), es inequívoco afirmar que, ante la defunción de 100 mil personas por Covid-19, al presidente López Obrador ya se le pudrió el dedo, en el que le cayó ese mortífero anillo, que representa dolor, sufrimiento y muerte.

Pero, además, venir a alegar, dos años después de haber asumido la Presidencia de la República, que las deficiencias y corruptelas del sector salud son la causa de la mala gestión que su gobierno hace sobre la pandemia, es eludir la responsabilidad que le corresponde, además de que lo exhibe como un Presidente incompetente, con muchos pretextos y ninguna propuesta.

Lamentablemente para el Presidente es más importante ideologizar esta pandemia, apuntalando su discurso de liberales contra conservadores, de fifís contra chairos que dar ejemplo de cómo debemos seguir las instrucciones sanitarias para evitar el contagio.

Venir a decir, después de los 100 mil muertos, que el manejo de la pandemia es exitoso y que no habrá de cambiar el modelo centinela, ni al inútil subsecretario López-Gatell, es aceptar que si el objetivo es incrementar la cifra de muertos y ganar el Guinness World Records, pues sin duda va por el camino correcto, y pronto cumplirá su objetivo, con cargo al dolor y sufrimiento de las familias mexicanas.

¿Qué espera el presidente López para sumarse a las acciones de prevención del contagio de esta terrible pandemia? ¿Seguirá desoyendo a la Organización Mundial de la Salud? ¿Qué le cuesta al Presidente promover el uso del cubreboca? Obvio para él, no es un asunto de vida o muerte; es un asunto de ganar o perder el debate y de imponer su capricho por sobre miles de cadáveres.

Es evidente que el presidente Andrés Manuel López Obrador, el invisible secretario de Salud Jorge Alcocer y el subsecretario Hugo López-Gatell han tenido un ejercicio indebido de sus funciones en el manejo que han realizado sobre la pandemia de Covid-19 y merecen ser sancionados.

Además, con toda la falta de hacer del Gobierno Federal, se concluye que el Presidente y sus liliputienses funcionarios del sector salud han saboteado las instituciones del Estado mexicano; la falta de realización de pruebas para detectar el Covid-19, la terquedad de aferrarse a un modelo centinela que no trae certeza ni seguridad en la cantidad de contagios y de muertos, la falta de lineamientos administrativos que obliguen y orienten a los ciudadanos sobre la necesidad del uso de cubreboca, por sí mismas, reclaman un ejemplar castigo a este trio de irresponsables.

Por si las desgracias que nos deja la pandemia fueran pocas, por voz del propio Presidente, nos enteramos que él mismo ordenó inundar las zonas más pobres de Tabasco: Centla, Jalpa y Nacajuca, habitadas principalmente por los indígenas chontales, quienes ahora viven, literalmente, con las aguas negras hasta el cuello.

Ya va siendo hora de que el Presidente deje el debate político y enfrente la pandemia, no desde una perspectiva ideológica, sino desde la orientación científica de los expertos.

Cien mil muertos y un millón de contagiados nos dicen que las cosas en México no van bien y que vivimos en un país roto. Sostener lo contrario significaría haber perdido el juicio.

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