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Corregir y sancionar, verbos ignorados

CON MÉXICO EN LA MENTE

HÉCTOR SÁNCHEZ GUTIÉRREZ, , actualizada 09:05 🕚
Corregir y sancionar, verbos ignorados

Hacer las modificaciones necesarias para eliminar las fallas y errores identificados en administraciones del pasado y del presente, así como aplicar puntualmente la ley a quienes la transgredan, son dos tareas fundamentales en la acción de Gobierno.

La administración cumple una función importante en la determinación de los protocolos y acciones que se deben atender para alcanzar los objetivos de toda tarea, impuesta por las circunstancias o por estar en un proyecto preestablecido.

La planeación, como primera etapa de este proceso, debe partir de la identificación de la situación que prevalece, determinando las causas y factores que la originan, deduciendo los posibles obstáculos o interferencias que se puedan generar y, mediante el análisis de ambos productos, establecer la estrategia por atender, precisando participantes, objetivos, metas y líneas de acción de carácter general y detallado.

En el lenguaje de Seguridad Nacional se emplea el termino Antagonismos, como el nombre genérico con el que se pueden identificar los obstáculos o interferencias, que impiden o limitan la consecución de los objetivos que se finquen y por consecuencia hacen blanco en el desarrollo nacional, base primaria y esencial del progreso de un Estado.

Es indispensable identificar las amenazas y riesgos por el ámbito donde actúan, como una manera de clasificar y organizar las instancias y medidas afines que tendrán como cometido eliminar las interferencias que se prevean o ya estén manifestándose.

Para el administrador de la seguridad nacional o gobernante, es fundamental la búsqueda y obtención de información de valor y comprobable; es de vital importancia prever y prevenir las características, dimensiones y momentos de los antagonismos, tanto presentes como probables.

En esta tarea de gobierno, la identificación de transgresiones a la ley es inevitable, lo que implica la identificación y confirmación de acciones en un primer tiempo y la vinculación de personas con estas dañinas acciones al buen desarrollo nacional tanto ético como económico, político y social.

La aplicación de la ley debe ser contundente y expedita, incluyendo de forma determinante la reparación del daño moral y material ocasionado. La sociedad no puede ni debe aceptar este tipo de acciones, como tampoco debe permitir el empleo del escarnio y la estigmatización como forma prioritaria y adicional de sancionar ciudadanos.

El discurso actual y repetido por las estructuras formales e informales de difusión oficial se concreta a la propagación de frases cortas: celebración de contratos leoninos con empresas, la corrupción como estigma para organismos autónomos, personas, Poder Judicial y específicas, endeudamiento desmesurado, destrucción de Pemex y CFE, Fobaproa, y tantas y tantas acciones de diversas magnitudes, hasta el momento sin poder trascender del ámbito de la descalificación de personas, partidos políticos e instancias que consideran "enemigos" de un proyecto, que se resiste a ser definido.

Transformando a la instancia responsable de la persecución de delitos en perseguidores de personas, con escasos logros hasta el momento en la concreción de una procuración de justicia eficaz, ante su escasa capacidad en proporcionar las evidencias contundentes a la instancia de impartición de justicia, lo que la vuelve a convertir en el centro de la descalificación pública, utilizando profusamente "los ecos oficiales".

La tarea de corregir y sancionar pierde su esencia ética cuando privilegia el pasado y descuida la atención del presente; la búsqueda siempre es reveladora e inevitablemente surgen personas y organismos vinculados al presente, por lo que los intentos ostentosos por soslayarlos desluce la intencionalidad honesta y justiciera pregonada, convirtiéndola en una ominosa venganza, muchas veces reflejando odios y rencores acumulados.

México es una nación integrada por ciudadanos bien intencionados. Nuestra historia está plagada de hechos que muestran a un mexicano estoico, perseverante, enjundioso, dicharachero, con una carga emocional que le ha permitido sobreponerse a situaciones muy difíciles.

La nobleza del mexicano también ha sido motivo de intentos maliciosos que tratan de sacar provecho de ella; nuestra fe y esperanza siempre se mantiene viva, en que no se materialicen daños irreversibles.

La conjugación individual y colectiva de "ser juicioso, justo y libre; y el compromiso de no hacerse cómplice ni siquiera con el silencio, de quienes son injustos en el uso del poder", señalados por el poeta inglés Shelley, cobran una vigencia preponderante en nuestros tiempos actuales.

* El autor de esta colaboración es General de División Diplomado de Estado Mayor y Maestro.

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