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¿Estamos alimentando bien a los hijos?

PADRES E HIJOS

Ignacio Espinoza Godoy

La alimentación, sin duda, es uno de los aspectos más importantes en la vida de toda persona, pues a partir de la selección adecuada de lo que llevamos a la mesa dependerá el desarrollo de los integrantes de la familia y, por ende, una mejor calidad de vida, por lo que los padres debemos tener mucho cuidado en el contenido nutricional de lo que ingieren los hijos, por lo menos mientras vivan a nuestro lado, lapso en el que la responsabilidad en ese aspecto es totalmente de los progenitores.

Un buen inicio para desarrollar hábitos sanos y positivos en los hijos podría consistir, en primera instancia, en seguir los consejos y recomendaciones que hacen los médicos desde que los hijos abandonan el vientre materno para adaptarse al entorno del hogar, e incluso, si vamos más allá, podríamos retroceder en el tiempo y habría que considerar el gran valor que tienen las sugerencias del ginecólogo cuando le da seguimiento a la evolución del embarazo, por las indicaciones de la alimentación que debe seguir la madre mientras dura el periodo de gestación del nuevo ser que, normalmente, esperamos con ansiedad en casa y al que se le desea dar lo mejor en todos los aspectos.

De acuerdo con especialistas en nutrición y alimentación, habría que seguir algunas recomendaciones y estrategias para, en la medida de lo posible, brindarles a los hijos opciones y herramientas, basadas principalmente en hábitos positivos que fomenten el gusto por ingerir sólo productos saludables que redunden en una mejor calidad de vida.

Una de las estrategias consiste en establecer horarios para comer en familia, pues está comprobado que reunir a padres e hijos en torno a la mesa fomenta la unidad y estrecha los lazos entre sus integrantes. Además, constituye el pretexto perfecto para ponernos todos al día de lo que ocurre en torno a los ámbitos en los que nos desenvolvemos cotidianamente (escuela, trabajo, amigos).

Un aspecto por demás interesante tiene que ver cuando la familia se reúne en torno a la mesa, ya que los expertos coinciden en que los niños que participan en esta singular tradición presentan las siguientes características: es más probable que coman frutas, vegetales y cereales; es menos probable que coman refrigerios poco saludables, y es menos probable que fumen, usen marihuana o consuman alcohol.

No obstante que en la actualidad es difícil que padres e hijos coincidan en los horarios para sentarse a la mesa y compartir los alimentos, aparte de que a muchos adolescentes no les entusiasme la idea de adoptar esta tradición casi perdida, porque a esa edad están buscando su independencia y de esta forma sienten que no lo están logrando, está demostrado que muchos chavos, a pesar de esa natural resistencia, aún buscan consejos y la opinión de los progenitores, por lo que la hora de la comida es el pretexto perfecto para comunicarnos y conocer lo que pasa en la vida de todos, al menos en los aspectos más importantes, en los que nos preocupan para seguir adelante en lo que hacemos cotidianamente.

Otra estrategia que podríamos considerar los padres es involucrar a los hijos en la preparación de los alimentos, de tal forma que ellos seleccionen un menú de lo que les gusta consumir, siempre y cuando no se rebasen los límites de calorías, grasas y carbohidratos, por lo que habría que buscar el equilibrio de todos esos factores para que ingieran aquellos productos que realmente les servirán para su nutrición.

También, habría que tomar en cuenta que una comida en familia no tiene que ser necesariamente aquella que se prepare en casa, sino que otra opción, muy válida en todos los casos, es comprar los alimentos en un restaurante para consumirlos en el hogar, cuidando que el contenido no esté cargado de exceso de grasa ni de carbohidratos, pues si bien el objetivo es reunir a padres e hijos en torno a la mesa, no debe pasarse por alto que la nutrición es un aspecto fundamental si deseamos tener hijos sanos. Otra recomendación importante para los padres tiene que ver con el refrigerio que se prepara para que lo consuman los hijos en la escuela, a la hora del recreo, pues si bien es cierto que se lleva algo de tiempo seleccionar los alimentos adecuados para ese espacio, habría que hacer un esfuerzo en ese sentido y tomar las previsiones del caso para que nuestros vástagos lleven consigo algo de comida nutritiva que les sirva para terminar con fuerzas el lapso que les falte para salir de la escuela. Y, por favor, amable madre y padre de familia, no se vayan por el camino más fácil dándoles 10, 20 o hasta 50 pesos para que compren lo que quieran en la tiendita de la escuela, pues terminan engullendo comida chatarra de dudosa higiene.

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