
¿Por qué ir a la escuela?
A una semana exactamente del regreso a clases para los alumnos de Educación Básica (preescolar, primaria y secundaria), una de las frases -y quejas- más recurrentes entre niños y adolescentes es "Ya tengo que ir a la escuela otra vez", luego de que durante prácticamente poco más de un mes de vacaciones se acostumbraron a la rutina de jugar y divertirse, aunque algunos aprovecharon para hacerlo de una manera diferente, acudiendo a programas como "Mis vacaciones en la biblioteca", donde pudieron gozar de este periodo de asueto con dinámicas de aprendizaje distintas a las que se aplican en las aulas.
Para muchos padres (si no es que para el 99 por ciento), tener a los hijos en casa durante un periodo superior al mes representa todo un reto, ya que por lo general la escuela es el espacio donde los maestros se encargan de mantenerlos ocupados en las labores propias del proceso enseñanza-aprendizaje, por lo que el hecho de que se aproxime el regreso a clases significa un auténtico respiro, una bocanada de oxígeno puro, pues, sin lugar a dudas, el mejor lugar donde pueden estar los pequeños, después del hogar, es el aula escolar.
Y aunque muchos niños y adolescentes continúan formulando la pregunta de "¿por qué tengo que ir la escuela?", la respuesta podría ser simple para nosotros los adultos y difícil de asimilar para ellos, aunque bien podría resumirse en que la mejor herramienta de que disponemos para salir adelante en la vida es el conocimiento, y este sólo se adquiere en las aulas, transmitido por maestros preparados con este objetivo, no obstante que en este momento no gozan de mucha credibilidad luego de los resultados recientes dados a conocer sobre un concurso de oposición a nivel nacional en el que más de la mitad no calificó como apto para estar frente a un grupo.
En este contexto, los padres de familia debemos concientizar y sensibilizar a los hijos en el sentido de que la preparación académica es fundamental para destacar no sólo en la escuela, sino en la vida misma, pues un certificado les puede abrir las puertas para un mejor puesto en alguna empresa que requiera de personal calificado, con ciertas aptitudes, cualidades y destrezas que sólo se pueden adquirir en las aulas escolares mediante un estilo de vida que representan valores como la responsabilidad, la disciplina, la constancia, la puntualidad, entre otros.
Los hijos podrán darse cuenta de cómo sus padres se esfuerzan cotidianamente para que ellos tengan siempre lo mejor, que no les falte nada para su desarrollo en la escuela, de tal forma que su desempeño sea el mejor posible, con el aliento diario para obtener un aprovechamiento académico de excelencia, que responda al esfuerzo que sus progenitores realizan en aras de ver que el trabajo arduo ha tenido resultados positivos y que se reflejan en calificaciones elevadas que los distinguen de sus demás compañeros. Todo ello, producto de un ambiente de armonía dentro y fuera del hogar.
Como todas las acciones que los hijos han aprendido dentro del hogar, también se darán cuenta de que si los padres cuentan con una carrera profesional que estudiaron con mucho esfuerzo personal y por parte de sus respectivos progenitores, este ejemplo, seguramente, lo querrán seguir para labrar su propio futuro académico y, con base en este, podrán acceder a mejores oportunidades laborales que si solamente hubieran cursado un nivel de primaria, secundaria o bachillerato, pues actualmente tener una carrera representa poseer mejores armas para defenderse en el ambiente laboral, no obstante que en ocasiones también se batalla para encontrar los espacios adecuados en el mercado laboral.
Por ello, amable lector, nuestra tarea cotidiana es influir en los hijos, de forma inconsciente y durante el trayecto de su vida escolar, para que se apropien de la idea y la convicción de que sólo contando con una mejor preparación académica posible se pueden abrir más puertas que si solo se contara con un mínimo de estudios, ya que quienes se conforman con terminar la Educación Básica también tienen que conformarse con un trabajo mal pagado y que finalmente desempeñan de mala gana sólo por no haber reflexionado en su momento sobre la importancia de seguir estudiando hasta finalizar una carrera, aunque fuera sólo técnica.
En lo que será una labor complicada, los padres tenemos la responsabilidad de convencer a los vástagos de que ir a la escuela es una oportunidad que no todos tienen y que significa un privilegio, pues a final de cuentas es la mejor y más grande herencia que los progenitores podemos dejarles a los hijos, ya que de esta manera podemos tener la tranquilidad de que les legamos las herramientas para que salgan adelante por sí mismos.
Así que, estimado lector, la próxima vez que sus pequeños -o los grandes- le pregunten por qué o para qué ir a la escuela, usted ya conoce la respuesta a esta interrogante para la que no siempre tenemos las palabras adecuadas.