
La Prostitución es esclavitud moderna ¡Y quien la defiende está del lado de los explotadores!
Desde los inicios de la civilización, los cuerpos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes han sido mercantilizados bajo el doble sentido de "la profesión más antigua del mundo". Pero no nos equivoquemos: la prostitución nunca ha sido un trabajo, sino una institución de explotación que glorifica la desigualdad, la pobreza y la violencia patriarcal. Detrás del discurso de la capacidad de las personas para ejercer la prostitución o la llamada "agencia individual", se esconden realidades estructurales: trata, coacción y ausencia de alternativas reales.
Ninguna mujer sueña con ser prostituida. Las que están en situación de prostitución rara vez lo hacen por "empoderamiento" como se ha querido disfrazar, sino por condiciones de vulnerabilidad como la pobreza extrema, historial de abuso, desplazamiento o simplemente la falta de oportunidades. Incluso en contextos donde se regula como "trabajo", la mayoría no tiene acceso a derechos laborales reales: no pueden negarse a clientes, negociar condiciones o escapar de la violencia. ¿Es eso libertad?
Los datos son incuestionables: según la ONU, el 89% de las mujeres en prostitución desean salir, pero no pueden. ¿Qué otro "empleo" tiene tales riesgos sin protección real? Si la esperanza de vida de las mujeres prostituidas es significativamente menor debido a la violencia, las enfermedades y el trauma psicológico
La industria del sexo no quiere derechos para las mujeres, quiere clientes. Países que han legalizado la prostitución, como Alemania o Holanda, han visto aumentar el tráfico de personas. Los proxenetas se benefician del sistema, lavando su imagen bajo el marco legal, mientras las mujeres, especialmente migrantes, son tratadas como mercancías.
El enfoque en Suecia en relación a la prostitución se basa en cuatro pilares clave: a quienes criminalizan es a los compradores no a las prostitutas a quienes ofrecen ayuda y servicios para dejar la industria de sexo, y concientizar al público sobre la violencia de género y el trabajo sexual. Este modelo busca erradicar el trabajo sexual y considera que todo el trabajo sexual es violencia.
Porque al final, eso son: víctimas de un sistema que las usa y las desecha.
No hablamos de moralidad inoportuna, superficial y falsa sino de justicia. La prostitución no es una transacción entre iguales. Es la consecuencia de un mundo que tolera que algunos cuerpos sean territorios de conquista. Cambiar eso exige coraje para nombrar las cosas como son: explotación, nunca trabajo.